3.11.05

Huelga en el Cercanías

O de como el ser humano puede llegar a envidiar a las sardinas en lata. Latas, recipientes en las que, comparado con mi viaje en el tren ayer, abunda el espacio. Un viajecito de esos en los que no te hace falta agarrarte por temer caerte. Es imposible que te caigas. Esos días en los que la voz de megafonía te informa de que el tren que está a punto de llegar circula al cien por cien. Que te esperes al siguiente, majo, que viene al noventa por ciento y tal vez estando pegado a ese chaval, ese señor y esas señoras puedas tener un huequecito. Pero entiendo que hagan huelga...

En fin, que hoy me he negado a pasar por lo mismo. He cogido el autobus y el metro. Ese bendito autobus que ayer, en lugar de realizar el trayecto Universidad Carlos III en Getafe - Plaza Elíptica en sus quince minutitos, lo hizo en unos 50 largos. Pero entiendo el retraso (por las obras)...

Lo que no entiendo es las ganas que tiene la gente de despotricar a la más mínima. Que si Gallardón esto (ojo, no soy defensor suyo, ni fan ni nada por el estilo), que si como les dejan hacer huelga, que si tal, que si cual, que si la Leonor no vivirá esto. Veamos señora (también había señores): he madrugado bastante, voy apretado, tardo más de lo normal en llegar a la universidad, tengo por delante diez horas de clases, así que deje de dar la barrila a la gente, que nos interesa, que suficiente tenemos con pasar el trance. Y además, deje de echar la cabeza hacia atras que me restriega su asqueroso pelo lleno de laca.

Hombre, ya...